Preparándome para el Programa de Alta Dirección Bancaria de INCAE Business School que tuvo lugar en Miami la semana pasada, me encontré con un tema que creo será de mucha relevancia para la industria bancaria en los próximos años. Se trata de la relación entre el riesgo de mercado y el riesgo de crédito.
En el negocio bancario tradicional, los créditos concedidos se mantienen hasta su vencimiento. En este caso la regulación normalmente demanda que los mismos se registren a su costo amortizado, lo cual hace posible ignorar el riesgo de mercado (es decir, el riesgo de que este activo financiero cambie de valor de mercado durante su vigencia). Así entonces, el único riesgo relevante sería el de crédito (es decir, la posibilidad que el deudor pague al vencimiento).
Mientras tanto, las inversiones temporales deben, de acuerdo con Basilea, ser valoradas de acuerdo con los precios de mercado utilizando el método de valor en riesgo. Para ello, se considera esencialmente en el cambio posible en precios dada cierta probabilidad, tomando en cuenta la información reciente. Por tanto, no se incorpora un posible default, ó incluso un potencial cambio en la clasificación crediticia del emisor.
Así las cosas, la mayoría de los gestores de riesgos evaluarían por separado los riesgos crediticio y de mercado, y considerarían quizás una relación lineal entre ambos, estimando algún factor de correlación. Pero como aprendimos en la pasada crisis internacional, y nos recordó el episodio griego reciente, la relación entre estos riesgos puede no ser lineal en lo absoluto.
Para entender mejor este punto, considere un préstamo en moneda extranjera a una empresa local. El riesgo de mercado estaría ligado a lo que pueda pasar con el tipo de cambio, mientras el riesgo crediticio tiene que ver con la capacidad de repago del cliente. Si la economía se desacelera, esto puede reducir la misma. Pero si esta desaceleración ocasiona una devaluación, el valor del crédito en moneda local aumentaría, compensando aparentemente la pérdida de valor producto del riesgo crediticio.
Sin embargo, éste análisis ignora el efecto que un incremento del valor en la moneda local del crédito tendría sobre la capacidad de pago, es decir, sobre el riesgo de crédito. Ya que muy posiblemente será más difícil para el cliente repagar el préstamo ahora, a menos que sea un exportador. No hay mejor ejemplo de una relación no lineal entre ambos riesgos.
Interesantemente, ya Basilea se había preocupado por esta no linealidad y formó un comité para estudiarla. Con la crisis, el tema ha cobrado aún mayor importancia. Por lo que no me extrañaría que muy pronto tengamos un nuevo cambio regulatorio que considere esta interrelación de forma explícita.




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