A pesar de haber admitido públicamente que él mismo nunca siguió al pie de la letra su teoría, los beneficios de la diversificación que le valieron el permio Nobel a Harry Markowitz han sido la base muchas estrategias de inversión desde su publicación. Markowitz demostró matemáticamente lo que la sabiduría popular ya había establecido: que no es conveniente poner todos los huevos en una sola canasta.
Más allá de la intuición de nuestros abuelos, detrás de esta teoría se encuentra una poderosa fuerza estadística: la correlación. Esta mide el nivel de movimiento conjunto entre los precios de dos activos financieros diferentes. Su valor puede ir desde +1 hasta -1. Una correlación de +1 significa que cuando el valor de un activo sube ó baja 5%, el otro hace exactamente lo mismo. Una correlación negativa nos indica que los valores se mueven en direcciones diferentes, y el extremo (-1) cuando uno sube 5% el otro baja exactamente en 5%. Finalmente, si la correlación es cero quiere decir que no hay ningún patrón de movimiento conjunto.
Uno de los descubrimientos más interesantes fue que no necesitábamos una correlación de -1 para que la diversificación nos favoreciera. En su lugar, bastaba simplemente con que la correlación no fuera perfecta, es decir, que fuera estrictamente menor a +1. Tomando en cuenta la correlación, uno puede entonces escoger un portafolio de activos financieros en los cuales invertir siguiendo uno de dos enfoques:
1) Puede determinar un cierto nivel de riesgo, y escoger entonces los activos que maximicen el retorno esperado para dicho nivel de riesgo.
2) Puede determinar una rentabilidad esperada objetivo, y seleccionar los activos que le permitan minimizar el riesgo obteniendo la mencionada rentabilidad.
Por supuesto, las estrategias de inversión más complejas toman en cuenta una variedad de factores adicionales, pero la diversificación se encuentra en el corazón de todas. Por supuesto, sus beneficios no se limitan solamente a los activos financieros locales. Por eso se recomienda que en todo portafolio exista un cierto nivel de diversificación internacional, es decir, que uno siempre debiera ahorrar ó invertir un poco fuera del país donde vive y trabaja.
Sin embargo, desde finales de los 90s las crisis internacionales nos han dejado un descubrimiento perturbador: en mercados a la baja, lo único que sube son las correlaciones. Por lo tanto, en eventos extremos como los mencionados, las correlaciones sube y los beneficios de la diversificación desaparecen. Es decir, que la base de toda estrategia de inversión deja de funcionar precisamente cuando la necesitamos más. La razón parece encontrarse en la creciente interrelación de los mercados financieros internacionales. Esto no deja de ser una paradoja: parece que mientras más nos diversificamos internacionalmente, menos eficiente es esta diversificación.
Es por esta razón que a finales del año pasado vimos impotentes como aún los portafolios que creíamos más diversificados fueron atraídos al remolino de la crisis. Ni siquiera la solución empírica de Markowitz (invertir 50% en acciones y 50% en bonos) nos habría salvado de las pérdidas que diezmaron fondos de inversión, fondos de pensión, fondos de cobertura, y muchos portafolios individuales. Y lo peor es que todavía no tenemos una respuesta apropiada. Sin duda esta es una de las principales tareas que tenemos a futuro.
Si quieren pofundizar en el tema de las correlaciones, les recomiendo este artículo académico (aunque les advierto que es un poco técnico).


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