Cuando el presidente Obama anunció su intención de establecer límites a las compensaciones salariales de los ejecutivos de aquellos bancos que recibieran ayuda financiera, escribí en este blog que no estaba de acuerdo. Si bien la decisión era moralmente popular, me preocupaba que introdujera sesgos indeseados que impidieran la recuperación de la industria. En concreto, me preocupaba que la medida alejara al mejor talento de las instituciones en problemas. Pero en ese momento no anticipé otras potenciales ramificaciones como la que presenciamos la semana pasada.
Una de las prioridades del Gobierno de USA siempre ha sido evitar una corrida bancaria. Por lo tanto, al momento de otorgar ayuda financiera a los bancos trató de hacerlo de forma de no enviar la señal que había un grupo débil. ¿Cómo lo hizo? Pues "forzando" a algunas instituciones a tomar los fondos aún cuando no los necesitaba. De lo contrario, el público podría haber retirado su dinero de las instituciones en problemas, a favor de aquellas percibidas como sólidas.
Pero la semana pasada vimos como algunas instituciones están tratando de repagar lo antes posible los fondos recibidos, como es el caso de Goldman Sachs, (ver la noticia en Reuters). Es inevitable preguntarse si esta decisión tendrá algo que ver con el hecho de que el CEO de Goldman Sachs vio caer su compensación en el 2008 en un 98.4% (ver aquí) . Aún si esta no es la razón detrás la intención de Goldman Sachs, ciertamente podría serlo para otras instituciones.
Pero los motivos no preocupan al Gobierno. Lo que si le inquieta es que si le permiten a Goldman Sachs y a algunas otras instituciones devolver el dinero ahora, podrían estar enviando la misma señal que trató de no enviar inicialmente: que algunos bancos están en mejor condición que otros. Y es así como llegamos a impasse: mientras mantenga los fondos del Gobierno, una institución financiera debe manejarse dentro los límites salariales impuestos por este; pero si quiere devolver los fondos y recuperar su flexibilidad salarial, no puede por el peligro mencionado.
Quizás por esta razón, esta semana el CEO de Godlman Sachs abogó publicamente por una reforma a los estándares salariales de la industria (ver aquí). Mientras más rápido se resuelva este asunto, más rápido podrá su empresa recuperar su libertad para remunerar a sus ejecutivos de la forma que lo crea conveniente.
Este puede terminar convirtiéndose en un ejemplo más de un Gobierno que, con la mejor de las intenciones, termina tomando medidas que entorpecen el funcionamiento normal del mercado y retrasan la recuperación del equilibrio deseado. Lo dije en aquel momento y lo repito ahora: las restricciones salariales pueden ser populares e incluso morales, pero no por eso resultarán apropiadas. Por el bien de todos, esperemos que me equivoque.


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