Recientemente se pusieron en consulta una serie de reformas al reglamento de fondos de inversión en Costa Rica. Algunos amigos me manifestaron su desencanto por la exclusión de las mismas de los fondos de capital de riesgo de oferta pública por parte del CONASSIF. El argumento esgrimido es que el mercado no esta preparado para una figura como esta.
Como mi instinto es rebelarme contra cualquier imposición de un regulador sobre lo que no puedo hacer, mi reacción inicial fue de rechazo a la medida. Sin embargo, creo que vale la pena que profundicemos un poco el análisis sobre esta decisión.
Un fondo de capital de riesgo es un intermediario financiero especializado en el financiamiento de empresas a las puertas de grandes crecimientos (ya sean de reciente creación ó con un historial más amplio), ó compañías que se beneficiarían de un "turnaround" gerencial. Una cosa que me llamó inmediatamente la atención es el por qué se necesitaba una regulación. La verdad es que ya hay fondos de "private equity" que operan en la región Centroamericana, incluyendo por supuesto a Costa Rica. A pesar de no estar regulados, nada les impide a estos fondos operar y por tanto invertir en empresas costarricenses.
Si la regulación no impone una limitación del lado de la inversión, entonces el problema debe venir del lado de la recaudación de fondos. Así que la siguiente pregunta sería, ¿qué tipo de inversionista pone su dinero en un fondo de capital de riesgo? En los mercados desarrollados donde se originó esta figura los inversionistas son personas o empresas deseosas de colocar una parte de sus fondos en inversiones relativamente ilíquidas de alto riesgo y alto retorno esperado. La mayoría de los fondos tienen un monto mínimo de inversión, usualmente en millones de dólares.
Dado que la lógica financiera dicta que uno sólo debería colocar una parte minoritaria de su portafolio de inversiones en instrumentos de este tipo y con un horizonte de mediano plazo, esto significa que en la práctica estamos hablando de inversionistas institucionales como fondos de pensiones, empresas de seguros, etc., ó de individuos muy adinerados. Claramente, este tipo de inversionista no requiere un regulador que lo "proteja", ya que las decisiones de inversión son tomadas por profesionales capaces de evaluar los riesgos involucrados. Si bien los fondos que operan en la región tienden a ser más pequeños que sus contrapartes en países desarrollados, siguen teniendo en promedio inversionistas grandes (usualmente organismos multilaterales).
El problema entonces con la "falta" de regulación en realidad se debe a la intención de masificar este tipo de instrumentos. Por ejemplo, desde el año pasado se estableció en España el Mercado Alternativo Bursátil para Entidades de Capital de Riesgo. El objetivo es dotar a este tipo de inversiones de una mayor liquidez, permitiéndole al pequeño inversionista acceder a una clase de activos hasta ahora vedada para él. Esta decisión, que sorprendió a muchos en España, se justificó por el protagonismo que la industria de capital de riesgo estaba adquiriendo en el país.
Pero cuando analizamos como se inauguró el mercado, vemos que el mismo comenzó con el BBVA Capital Privado, que en realidad es un fondo de fondos, es decir, no invierte directamente en empresas, sino en fondos de capital de riesgo que a su vez son los que invierten en las empresas. Este es el papel que otros intermediarios financieros, como los fondos de pensiones, juegan en mercados como el de Estados Unidos. Con la diferencia que el horizonte de inversión de un fondo de pensiones es mucho mayor que él del típico fondo de inversión, haciéndolo mucho más adepto a este segmento de mercado. En un fondo de pensiones no se espera que el inversionista retire total o parcialmente su inversión en el corto plazo, a diferencia de lo que se plantea en España.
El problema es que en países como los nuestros los fondos de pensiones no pueden, por limitaciones regulatorias, invertir en fondos de capital de riesgo. La única excepción que conozco en América Latina es Colombia. Luego de todo este análisis no pude evitar el sentir que el motivo de mi enojo estaba mal enfocado. Es posible que la CONASSIF tenga razón, y que un mercado que sufrió no hace mucho una crisis de la industria de fondos de inversión como Costa Rica puede no estar preparado para este tipo de instrumentos (aunque me gustaría que como inversionista me dejaran decidirlo a mí). Lo que todavía no termino de entender es por qué, si queremos masificar la industria de capital de riesgo, no le permitimos más bien a los fondos de pensiones que diversifiquen su portafolio e inviertan, dentro de la prudencia, en fondos de capital de riesgo. La figura ya existe, tiene el horizonte de inversión apropiado, y por razones de diversificación de su portafolio sería un paso natural para ellos.


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