En días recientes organizamos en el Campus Walter Kissling Gaam de INCAE Business School en Costa Rica un panel sobre la cadena financiera para nuevas empresas dinámicas en este país. En el mismo participaron Pablo Jenkins de Link Inversiones, José Ulate de Aureos Capital, Luis Corrales del Banco Nacional, Carlos Mora de Capitales.com, y este servidor.
El momento fue propicio porque desde que comencé a estudiar el tema a nivel Centroamericano en el 2004, Costa Rica es el primer país en el que podemos hablar de una cadena prácticamente completa. En aquella época hicimos un estudio sobre inversionistas ángeles en la Región, encontrando un solo ejemplo digno de destacar. Carlos Mora y Richard Beck parecían quijotes solitarios luchando contra inmensos molinos, más reales que imaginarios.
En contraste, en este momento Link Inversiones es una red de inversionistas ángeles que ya lleva operando dos años en el país, apoyando algunos emprendedores con inversión de capital. Por otra parte, el resurgimiento de la industria de private equity a nivel Latinoamericano también ha tenido su efecto, y tenemos dos fondos muy activos en este momento en Centroamérica.
Finalmente, tanto la Bolsa de Valores como la Banca están trabajando para ofrecerle a las empresas productos financieros que les permitan satisfacer sus necesidades financieras. Pero esta cadena es en realidad como una escalera, con peldaños que las empresas deben ir escalando. Para un nuevo emprendimiento que todavía no comienza o recién lo hace, el mecanismo más idóneo es la inversión ángel. Cuando ya el emprendimiento está listo para el despegue que significa un crecimiento acelerado, es entonces el turno de los fondos de capital de riesgo, y un poco más adelante el de los fondos de capital privado. Como en la región no tenemos mucho de los primeros, tanto los ángeles como los segundos han tenido que cubrir ese déficit de alguna forma. Finalmente, no es hasta que la empresa se ha estabilizado con una buena historia que se debería pensar en la Bolsa y la Banca.
Es importante recalcar que esta cadena es vital para el surgimiento de nuevos emprendimientos dinámicos. Es decir, aquellos que si bien comienzan pequeños porque esa es la forma usual de hacerlo, tienen el potencial de crecer muy rápidamente (50% al año ó más) por varios años de forma sostenida, con lo cual pueden alcanzar muy rápidamente un tamaño importante. Es necesario precisar entonces que no estamos hablando de MYPIMEs, ni de microfinanzas. El foco más bien es estimular el surgimiento de emprendimientos que puedan cambiar la geografía empresarial de la región y del mundo, generando riqueza, empleo, y por lo tanto desarrollo para el país.
No cabe duda que en Costa Rica este es un momento históricamente importante a este respecto. Porque el libre comercio per se no genera desarrollo, sino más bien oportunidades. Estas deben ser transformadas en desarrollo por emprendedores capaces de aprovecharlas, apoyados por una cadena financiera sólida y completa.


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