En Costa Rica y Venezuela les dicen lentes. Resulta que en el viaje de Medellín a Cali a Juan Luis no le apareció la reservación del vuelo. Estaba confirmada, pero para el día siguiente. ¡Así que a lista de espera!.
Nos quedamos todos esperando y unos cinco minutos antes de que cerraran la puerta del avión, le dan el asiento y tenemos literalmente que correr y eso hicimos, porque no era cuento.
Mis lentes los uso solo para ver de lejos, porque no tengo problemas para ver perfectamente de cerca. Así que cuando leo, me los guindo o coloco en el bolsillo de la camisa. En esta ocasión estaban guindados... el asunto es que en la carrera se me caen y no me doy cuenta sino cuando estabámos por salir del avión, habiendo aterrizado en Cali. Así que el día en Cali me la pase haciendo ojitos en las presentaciones y reuniones a las que me tocó asistir, que como ya les conté, fueron varias. Podrán entender el nivel de frustación que tenía por todo lo que eso implicaba.
Pablo me trataba de reconfortar sin mayor éxito, seguro de que lo que me decía era un puro cuento: quizás los encuentras... como te regresas por Medellín, pregunta por ellos... reportemos el caso. Si... claro... me dije a mi mismo... con serios problemas pero en necesidad de resignación. ¿Será posible ese nivel de honestidad, en el caso de que realmente aparezcan? no... que va... impensable en mis países.
Siempre optimista hasta que se pruebe lo contrario (tengo mi espíritu emprendedor también), al llegar al aeropuerto de Cali para tomar el avión a Medellín, me dirigí al departamento de equipaje a consultar si en Medellín se habían encontrado unas gafas. Buscan en la compu y aparecen dos: una en un estuche rojo y la otra sin estuche. Bueno, pensé yo... todavía no se ha probado lo contrario, aunque siempre escéptico.
Al llegar a Medellín voy al departamento de equipaje y me dicen exactamente lo mismo. No vamos peor... me dije. El señor trae dos bolsitas plásticas nítidas con los lentes, y contra todos mis pronósticos, en uno de ellos estaban. Había encontrado mis gafas. Otra vez casi se me cae la quijada de la impresión, pero en esta ocasión también de una emoción particular.
Fue un encuentro místico. Había en mis gafas algo más. En ese mismo instante terminé de hacerme colombiano de corazón.








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