Por: Carlos Mora de la Orden, Director General de Capitales.com. COSTA RICA
Siempre he dicho que un mercado de valores desarrollado es como una bicicleta. Tiene que tener una cantidad mínima de piezas sin las cuales no funciona bien, o lo haría a un gran riesgo para uno de estrellarse: ruedas, pedales, cadena, asiento, marco, freno (podría funcionar pero ya lo tenemos bien claro que no es recomendable...), manubrio.
Un buen mercado de valores es igual. Por el lado de la oferta, tienen que haber emisores, estructuradores, banqueros de inversión que actuen como "underwriters" en firme, clasificadores de riesgo; por el lado de la demanda, tienen que haber inversionistas individuales e institucionales que actúan directamente con cnocimiento de causa, figuras de inversión colectiva como los fondos de inversión y de pensión; tiene que haber intermediarios, la bolsa y sus puestos de bolsa, creadores de mercados; analistas y asesores de inversión independientes; sistemas de compensación, liquidación y custodia; tiene que haber una infraestructura de servicios como los proveedores de precio, de educación e información (a lo Capitales.com, que toma muy en serio su rol dentro de "esta bicicleta"), y por supuesto tiene que haber regulación. Vaya cantidad de piezas. Sin todas ellas no hay posibilidad de aspirar al desarrollo de un mercado de valores. Pero además, deben ser de verdad, no solo parecerlo. Y serlo implica sofisticación, operar a los más altos estándares.
He allí el reto y la necesidad de la integración de los mercados. La sofisticación implica una inversión que no es posible justificar en un mercado pequeño, como todos los nuestros a nivel individual, y es por ello que la masa crítica que se lograría es fundamental. Nadie lo podrá hacer por cuenta propia. Para arrancar, se requiere el concurso, compromiso, decisión, inversión y convicción de los actores claves de los mercados. Se requiere sobrepasar un punto de inflexión que lo haga inevitable. Creo que todos estos actores coinciden en la necesidad, no estoy tan claro como estamos en la voluntad. Como también digo con frecuencia, es hora de dejar de ladrar y enseñar dientes, y comezar a morder.


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