Por: Dr. Jorge Ambram. Presidente Ejecutivo de Grupo J.A. Capital Markets SCC - COSTA RICA
El tema de la dolarización de la economía costarricense se está escuchando con más frecuencia de la que quizá sea conveniente. Probablemente desde el punto de vista conceptual o teórico, la sustitución de la moneda de pago (colón) por la moneda norteamericana, podría ser atractivo para quienes somos devotos de la libertad de mercados. Pero creo que la idea de una implementación en Costa Rica ya es obsoleta; quizá hace unos tres o cuatro años hasta hubiera sido conveniente. Hoy sería todo un despropósito.
Personalmente, participé activamente en la dolarización ecuatoriana, viví bajo la convertibilidad argentina, trabajé bajo la convertibilidad beliceña y actualmente desempeño labores de consultoría en los mercados financieros salvadoreño y panameño. Esto lo digo, si es que vale de algo, para tratar de mejorar la credibilidad de mi opinión en cuanto a que una cosa es la dolarización en el papel, que aguanta todo, y otra es en la vida real, la de todos los días.
Para comenzar liquidaré de un plumazo el mito del supuesto de que la mera dolarización de una economía haría converger sus tasas de interés e inflación con las internacionales: ello no es cierto ni sostenible. En Ecuador, en El Salvador y en Panamá las tasas de inflación real más que duplican las internacionales. Especialmente en Ecuador, país en que si no fuera por los malabarismos y la contabilidad creativa que realiza su Instituto de Estadísticas y Censos, el índice de precios al consumidor triplicaría el de EE.UU. En cuanto a las tasas de interés activas de todos los segmentos de crédito de esos países, mínimamente equivalen a una vez y media las norteamericanas excepto en Ecuador, en que no hay crédito precisamente por el temor a la futura, imprescindible e inexorable desdolarización de su economía. Un detalle interesante: en Ecuador durante el primer año de la dolarización (2000) la inflación fue casi de 100%, en dólares; así como lo lee.
El problema mayor que enfrenta cualquier país que no emite sus medios de pago es que toda su actividad económica debe ajustarse al monto de los dólares que hay en el sistema ya que no dispone de una máquina de emitir dinero. Si los medios de pago (dólares) se reducen por salida de capitales (cualquiera sea su causa, por ejemplo un shock externo o interno), el PIB se reduce por lo menos en la misma proporción. Esto es así porque si en una economía se fabrica un lápiz con un costo de US$0,80 para venderse a US$1, el valor agregado (PIB) de US$0,20 únicamente se materializará si existen medios de pago adicionales en por lo menos US$0,20. Caso contrario no se agregará valor. Tanto en Ecuador como en El Salvador de hoy, la encerrona de los medios de pago es una ecuación indefinida; casi sin solución. Lo mismo que en la Argentina y en el Belice de hace años, que vieron explotar por los aires sus experimentos monetarios.
La única solución de los mercados que sobreviven utilizando medios de pago ajenos es, por ahora y para mi, la adoptada por Panamá: la apuesta total a la libertad de mercados con todos los inconvenientes en el orden social y político que ello eventualmente implique, de otra forma la competitividad de los mismos tendería a caer (y con ello la escasez de medios de pago) ante el menor atisbo de incertidumbre. ¿Estamos en Costa Rica dispuestos a apostar fuerte?


Comentarios